La otra vez recordé el número de teléfono de mi infancia y me provocó llamar a mi abuela para contarle que ya me gustan las aceitunas. Contarle que en España les llaman olivas. Esperar que diga: ¿Cómo está el clima por allá? Decirle: ¿Sabes que te mentimos? Esperar del otro lado del teléfono un silencio hondo y frío. Entonces decirle que me mudé de casa de mi madre a los veinte años y alquilé un monoambiente encima de un bar de punkis y de skaters. Mi madre y yo te ocultamos eso y otras cosas, supongo que para no inquietarte. Después viví en otras casas que tampoco conociste: en tantos barrios de Lima, y en Ñaña y en Tumbes y ahora vivo en Barcelona, donde vivía la tía Ñeca, a quien nunca llamé, porque ese número solo lo sabías tú. A tu velorio llegó el amigo tuyo y del abuelo. Dije: Ma, ahí está Mario. ¿Cómo va a estar Mario, hijo?, me porfió. Pero levantó la vista y lo vio caminar hacia nosotros junto a un enfermero. Mi madre corrió a saludarlo: ¿Cómo estás?, le preguntó. Él miró el ataúd de reojo, desbordante de arreglos de flores, y replicó con una ironía triste: ¿Cómo quieres que esté? Y enseguida volvió al agujero negro de su mente y nos miró con los ojos vacíos y vidriosos sin entender quiénes éramos. Masticamos una pena pastosa mi madre y yo, y permanecimos quietos mientras lo vimos salir de la iglesia. Te gustará saber que mi madre calificó aquel episodio de breve lucidez como un milagro, te disgustará saber que yo no creo en esas cosas. Publiqué un par de libros, te contaré. Libros muy cortitos, pero algo es algo. Y escribí algunos cuentos en los que hago bromas sobre tu carácter y tus ocurrencias. Siempre hablo sobre aquella vez que te metiste a separarnos a mi hermano y a mí cuando una discusión escaló a los golpes. Nos gritaste: recen, recen que tienen el demonio dentro, y nos olvidamos de la cólera para empezar a reír. Mi hermano y yo ya no peleamos, salvo por la política. Este nieto resultó socialista, y el otro liberal. Aunque no sé qué tanto te importe saber eso. Mi madre, en vez de una foto suya, tiene de perfil una foto tuya con el abuelo. Seguro piensa a menudo en ustedes. Esta semana puso una nueva foto: salen felices y guapísimos, como siempre. Supongo que por eso fue que recordé el 449-1112.
