Naïka: "El concepto de third culture kid me hizo entender quién era"

Naïka: «Al encontrar el concepto de third culture kid descubrí que no estaba sola»

De gira por Europa para presentar Eclesia, su primer álbum, Naïka hizo parada en Barcelona el pasado 19 de junio 2026. Allí pudimos conversar con la artista que ha convertido su mosaico cultural en el corazón de su proyecto creativo.

«6:45« fue mi puerta de entrada al universo de Naïka. Hace algo más de dos años, una amiga me compartió la canción sin más contexto. Dos años después, aquel descubrimiento me sienta frente a ella en esta entrevista para hablar de identidad, pertenencia y música.

Recuerdo preguntarme qué estaba escuchando exactamente. ¿Era zouk? ¿Había notas de jazz? ¿Era simplemente pop? El francés, el inglés y el criollo haitiano se entrelazaban en unas canciones donde las influencias, lejos de competir entre sí, convivían con una naturalidad desarmante. Poco a poco fui entrando en un universo singular: ecléctico, poderoso y luminoso a la vez. Con el tiempo entendí que aquella canción también era una puerta de entrada a la historia de una artista que ha hecho de la identidad, el mestizaje y la pertenencia el centro de su música.

Nacida en Estados Unidos y de ascendencia franco-haitiana, Naïka pasó su infancia entre distintos países del Caribe, el Pacífico Sur, Kenia, Francia, Sudáfrica y Estados Unidos. Ese recorrido explica por qué hoy se identifica como una third culture kid: alguien que ha crecido entre culturas y que se niega a reducirse a una sola.

De gira por Europa para presentar Eclesia, su primer álbum, Naïka hizo parada en Barcelona. Allí pudimos conversar con una artista que ha convertido ese mosaico cultural en el corazón de su proyecto creativo.

Y quizá por eso su música conecta con tanta gente. En un momento en el que muchas personas siguen sintiendo la presión de tener que explicar de dónde son o a qué lugar pertenecen, Naïka propone justo lo contrario: abrazar la complejidad. Sus canciones invitan a reconocerse en ella, pero también a celebrarla. A bailar. A disfrutar. Y a dejar de entender la identidad como una casilla que hay que marcar.

Créditos: @xsandiia

Has hablado muchas veces de ti misma como una third culture kid. Con el paso de los años, ¿esa etiqueta te ha ayudado a entenderte mejor o también ha llegado a resultarte limitante?

No, al contrario. Descubrir ese término me ayudó muchísimo. Recuerdo que fue como una revelación, porque por fin pude ponerle nombre a una experiencia que había vivido toda mi vida: esa ambigüedad cultural con la que había crecido. Y, además, encontré una comunidad de personas que compartían exactamente esa misma sensación.

Creo que, como seres humanos, todos necesitamos sentir que pertenecemos a algún lugar. Somos animales sociales y tribales. Cuando nunca terminas de sentirte completamente aceptada en un sitio, puede resultar muy confuso e incluso un poco aislante. Tienes la sensación de no pertenecer del todo a ningún lugar y, al mismo tiempo, de pertenecer a muchos.

Encontrar el concepto de third culture kid me permitió entender que no estaba sola. Descubrí que había toda una comunidad de personas que compartían esa experiencia, y eso fue increíble.

En esa misma línea, en alguna ocasión has contado que hubo quien te decía que no eras lo bastante «francesa» para cantar en francés o lo bastante «haitiana» para cantar konpa. ¿Cómo has aprendido a convivir con esos discursos del «no eres lo bastante…»?

En mi música intento construir un mundo propio, un espacio donde conviven todas las partes que forman mi identidad. No siento la necesidad de escoger una sola. Quizá para algunas personas nunca seré lo bastante francesa o lo bastante haitiana. Pero ya no me preocupa. Soy suficiente siendo quien soy.

Tu música suele sentirse muy íntima y personal, pero al mismo tiempo conecta con experiencias muy colectivas. ¿Cómo decides qué partes de ti compartir con el mundo y cuáles prefieres mantener en privado?

Es una muy buena pregunta. En realidad soy una persona bastante reservada. Compartir mi música puede hacerme sentir muy vulnerable, pero, al mismo tiempo, el arte es mi terapia. Es la forma que tengo de expresar todo lo que llevo dentro.

Siempre existe un pequeño tira y afloja interno. Hay momentos en los que me pregunto si realmente quiero llegar tan lejos, si quiero contar determinadas cosas. Así que sí, hay aspectos de mi vida que prefiero guardar para mí.

Pero la mayor parte de mis emociones, de mis conflictos internos y de mis reflexiones terminan encontrando su sitio en mis canciones. Ahí es donde siento que puedo expresarme con mayor honestidad.

Has contado que durante mucho tiempo te preocupaba ser «demasiado compleja». ¿Cuándo dejaste de ver esa complejidad como un problema y empezaste a entenderla como una fortaleza?

Creo que el primer paso fue darme cuenta de que las personas que vivimos esa ambigüedad cultural también formamos una comunidad. Somos gente que no encaja dentro de una única categoría, sino que somos una mezcla de muchas cosas diferentes.

El gran punto de inflexión llegó con «Layers». Especialmente que escribirla fue una experiencia increíble. Lloré muchas veces. Creo que fue con esa canción cuando algo hizo click dentro de mí, porque al principio pensaba que estaba hablando de algo relativamente pequeño. Me decía a mí misma que había problemas mucho más graves en el mundo. Pero cuando vi la reacción de la gente entendí que me equivocaba.

Ver a tantas personas compartir vídeos, contar sus propias historias y decirme que por fin se sentían representadas fue algo que nunca habría podido imaginar. Estoy profundamente agradecida por la forma en que fue recibida y, sobre todo, por todo lo que esa canción ha significado para otras personas.

@naika

one for the in-betweeners

♬ Layers (Live Acoustic) – Naïka

Después descubrí Third Culture Kids: Growing Up Among Worlds, de David C. Pollock & Ruth E. Van. Si el concepto me hizo sentir acompañada, el libro me ayudó a profundizar en esa experiencia. Me permitió entender mejor muchos matices de haber crecido entre culturas y ponerles palabras de una forma que hasta entonces no había conseguido.

Lo más bonito fue que, después de escuchar «Layers», los autores se pusieron en contacto conmigo y terminé formando parte de la cuarta edición del libro junto a muchas otras historias personales. Fue uno de esos momentos en los que sientes que todo encaja. Se lo recomendaría a cualquiera que alguna vez haya sentido esa confusión sobre dónde pertenece.

Ha conseguido mucho más de lo que yo habría podido soñar cuando la escribí.

Créditos: Arno Partissimo (Concierto en el BOTANIQUE 17/03/026)

Sobre el Álbum. Eclesia explora temas como la identidad y el sentido de pertenencia. ¿Cómo proteges tu identidad frente a la fama, las opiniones ajenas y la cultura del juicio constante en las redes sociales?

(Sonríe.) ¡Mi bebé!

Sigo aprendiendo. Es algo que todavía estoy descubriendo sobre la marcha.

Pero, si hay una razón por la que consigo mantener los pies en la tierra, es la gente que tengo a mi alrededor. Mis amigos, mi familia, mi círculo más cercano… se lo debo absolutamente todo. A veces hasta podría llorar de lo agradecida que me siento por tenerlos.

Es extraño que personas que no te conocen tengan tantas opiniones sobre ti. Es una situación un poco rara, pero tener una comunidad tan sólida hace que todo sea mucho más fácil.

Y cuando hablo de comunidad no me refiero solo a mis amigos o a mi familia. También pienso en la gente que escucha mi música. Me siento profundamente agradecida por el apoyo que recibo y creo que esa conexión es una de las cosas que más me ayuda a no perder de vista quién soy.

¿Cuál es la mayor diferencia entre la Naïka que publicó sus primeros sencillos y la artista que escuchamos hoy en Eclesia?

Creo que estaría orgullosa de mí. Siento que, poco a poco, me estoy convirtiendo en la mujer que siempre quise ser. Y eso no significa que el camino haya sido fácil. Al contrario: ha habido muchos altibajos y ese crecimiento también ha sido un desafío en sí mismo.

Hace poco estuve viendo vídeos antiguos, fotografías y diarios que escribía cuando empezaba a compartir mi música, y la verdad es que solo quería abrazar a aquella chica. Estaba aterrada. Era muy vulnerable. Pero, al mismo tiempo, tenía un fuego enorme dentro.

Por mucho miedo que sintiera, había algo que tenía clarísimo: nada iba a impedirme perseguir mis sueños. Sabía que iba a exponerme, que iba a luchar por hacer realidad aquello que imaginaba para mí.

Todavía hoy esa pregunta me emociona un poco, porque de verdad siento ganas de abrazarla y decirle que todo iba a salir bien.

Publicaste sencillos y EPs durante años antes de llegar a Eclesia. ¿Cuándo supiste que había llegado el momento de hacer tu primer álbum?

Antes de Eclesia publiqué un EP llamado Transitions, y ese título fue completamente intencionado. Desde el principio sabía que iba a ser el proyecto que conectaría mis primeros trabajos con mi primer álbum. No sabía cuánto tiempo pasaría hasta llegar a él, porque en aquel momento estaba viviendo muchos cambios dentro de mi equipo y de mi carrera. Necesitábamos reestructurar muchas cosas.

Es curioso porque, de alguna manera, el universo se tomó muy en serio la palabra «transición». Después de ese EP atravesé una transformación enorme, tanto personal como profesional.

Incluso la estética del proyecto respondía a esa idea. La portada es en blanco y negro porque quería que representara ese punto intermedio entre el comienzo de mi carrera y la siguiente etapa. Siempre tuve claro que Transitions era el puente hacia Eclesia.

¿Hubo un momento concreto en el que supiste que ya tenías el álbum o fue apareciendo poco a poco, a medida que se acumulaban canciones y experiencias?

No, fue algo completamente intencionado desde el principio. Es mi primer álbum y, para mí, representa mi presentación oficial al mundo como artista. Quería que reuniera todos los elementos —musicales, visuales y emocionales— que forman parte de quién soy.

Antes incluso de empezar a crear las canciones reuní a un grupo muy pequeño de personas, que además son algunos de mis mejores amigos y prácticamente mi familia.

Mi mejor amigo desde hace diez años, Sébastien Torres, fue el productor ejecutivo del proyecto junto conmigo. También estuvo Michael Brown, que ha sido una especie de mentor durante todo este proceso. Quería trabajar únicamente con personas en las que confiara plenamente.

Cuando nos sentamos por primera vez yo ya llevaba una visión muy clara. Incluso el título ya estaba decidido. Recuerdo que les dije: «Este es el mundo que quiero construir».

Evidentemente, cuando empiezas un proceso creativo nunca sabes exactamente adónde te va a llevar, pero la visión ya existía antes de escribir la primera canción.

El título Eclesia hace referencia a una comunidad o una reunión de personas. ¿Qué significa Eclesia para ti y qué clase de comunidad esperabas crear con este álbum?

Descubrí que eclesia era el término que se utilizaba en la Antigua Grecia para hablar de una asamblea o de una reunión de personas. También es el origen de la palabra «iglesia», entendida como una congregación. 

Quería encontrar una palabra que transmitiera la idea de algo ecléctico, porque sabía que el álbum iba a mezclar muchos estilos y muchas influencias distintas. Se lo comenté a mi padre y él me dijo: «¿Y Eclesia?».

Me pareció una palabra preciosa. Después busqué su significado y, cuando descubrí que hablaba precisamente de una reunión de personas, supe inmediatamente que ese tenía que ser el título del álbum. Eso es exactamente lo que quiero que haga mi música: reunir a la gente. Una de las cosas que más me emocionan cuando doy conciertos es mirar al público y ver a personas de edades, culturas, orígenes y realidades completamente diferentes compartiendo el mismo espacio.

Obviamente, como mujer, me hace muy feliz ver a tantas mujeres conectando con mis canciones. Pero también me encanta ver grupos de amigos, familias o personas que, probablemente, nunca se habrían encontrado en otro contexto.

Yo he pasado gran parte de mi vida sintiendo que pertenecía a muchos lugares y, al mismo tiempo, a ninguno.Por eso deseo que mi música sea precisamente ese lugar donde cualquiera pueda sentirse bienvenido.   Eso es Eclesia para mí.

¿Qué influencias culturales y musicales han marcado más Eclesia?

En esencia, creo que es un álbum de pop. Yo suelo definir mi música como world pop, aunque a veces también pienso que podría llamarse island pop, porque gran parte de mi identidad musical nace de los sonidos con los que crecí, y «One Track Mind» es un buen ejemplo de ello.

Al mismo tiempo, Eclesia también explora lugares muy distintos. Hay canciones como «Matador» o «What a Day!» que tienen un lado mucho más oscuro, casi cinematográfico. Son temas que muestran una faceta diferente de mí.

Por eso me gusta pensar que el álbum es ecléctico. El pop es la base, pero dentro de él conviven todas las influencias que forman parte de quién soy.

Nos gustaría detenernos un momento en cómo estás acercando el konpa al pop y contribuyendo al interés creciente que está despertando este género en otras partes del mundo. ¿Puedes contarnos un poco más sobre ello?

Creo sinceramente que el konpa debería llevar mucho tiempo siendo un género reconocido en todo el mundo.

Cuando empezamos a trabajar en Eclesia, una de las primeras cosas que hice fue preparar una lista de reproducción con toda la música que me había acompañado desde pequeña. Ahí estaba el konpa, junto a los sonidos con los que crecí y todas las referencias que quería que respirara el álbum. También tenía un moodboard con la identidad visual, la estética y los colores que imaginaba para ese universo.

El konpa forma parte de mi educación musical y de mis raíces, así que era imposible que no estuviera presente en el disco. No me enfoco exclusivamente en ello por supuesto, pero es una influencia constante en mi forma de escribir y de producir. Hay canciones, como «Mine», que se acercan muchísimo a ese sonido.

Tengo mucha curiosidad por ver hacia dónde evoluciona el género porque, de verdad, creo que está a punto de vivir un momento muy importante. Estoy convencida de que terminará conquistando a un público mucho más amplio. En mi opinión, ya debería haber ocurrido, pero siento que ese momento, por fin, está llegando.

 

Créditos: Bianca Delpiano (Concierto en Barcelona, 19/06/2026)

¿Hay algo que tus oyentes entienden hoy de ti que te habría gustado que la gente entendiera hace años?

Creo que poco a poco están empezando a conocerme también como persona, no solo como artista.

Durante mucho tiempo me costó ponerme en primer plano. Siempre he sido bastante tímida a la hora de exponerme públicamente, pero estoy aprendiendo a hacerlo porque me encanta la comunidad que se está creando alrededor de mi música.

Disfruto muchísimo conectando con la gente.

Y también he aprendido algo que intento aplicar a todos los aspectos de mi vida: hay que salir de la zona de confort. Cuanto más lo haces, más creces y más aprendes sobre ti mismo.

Solo tenemos una vida, así que merece la pena atreverse.

En «What a Day!» haces referencia de forma muy directa a Palestina, al Congo y también a Haití. ¿Dudaste en algún momento antes de incluir esas referencias en el álbum o sentías que eran imprescindibles para la historia que querías contar?

No dudé. Son cuestiones que me preocupan profundamente. Pienso mucho en la injusticia y en la violencia que vemos constantemente en el mundo, y me cuesta entender cómo podemos acostumbrarnos a ellas.

También pienso a menudo en el privilegio que supone haber nacido en unas circunstancias en las que yo no tengo que vivir esos horrores. Es algo que me hace reflexionar muchísimo.

No es la primera vez que escribo sobre ello. Hace años publiqué «Before He Falls», inspirada por la imagen de aquel niño sirio sentado solo en una ambulancia. Hay imágenes y acontecimientos que se quedan contigo para siempre.

Por eso habría sido poco honesto no hablar de estos temas. Forman parte de las cosas que pienso y siento cada día. De hecho, esas referencias fueron de las primeras líneas que escribí para «What a Day!».

¿Hay alguna colaboración pasada, presente o soñada que tenga un significado especial para ti?

Ya que estamos en España, tengo que decir Rosalía. Lo digo siempre: me encantaría colaborar con ella. También suelo mencionar a Doja Cat y RAYE. Son dos artistas que admiro muchísimo y con las que me haría una ilusión enorme trabajar.

Y luego hay colaboraciones que siento que podrían dar lugar a algo realmente interesante desde el punto de vista artístico. Una de ellas sería Tyler, The Creator. Me fascina su universo creativo y creo que podríamos hacer algo muy especial juntos.

La verdad es que me apasiona la música y escucho muchísimos estilos diferentes, así que la lista de artistas con los que me gustaría colaborar es bastante larga.

Has empezado a llevar músicos en directo a tus conciertos. ¿Qué tipo de experiencia quieres crear con la gira de Eclesia?

Para mí era una decisión muy importante, ya que estudié música y siempre he querido rodearme de músicos sobre el escenario. Creo que tocar con una banda aporta una dimensión completamente distinta al directo.

Hay algo muy especial en la energía que se crea cuando la música está siendo interpretada en ese mismo momento. Aporta una sensación de verdad, de espontaneidad, que para mí tiene muchísimo valor.

Quiero muchísimo a los músicos que me acompañan y siento que la conexión entre todos nosotros se transmite al público. Esa energía compartida es una parte esencial del espectáculo.

El repertorio atraviesa emociones muy diferentes. Hay momentos luminosos, otros más íntimos, otros más profundos… pero, al final, todo gira alrededor de la experiencia humana.

Eso es lo que quiero celebrar con esta gira: nuestra humanidad y la capacidad que tiene la música para reunirnos.

Créditos: wozniak (Concierto en Barcelona, 19/06/2026)

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

TE PUEDE INTERESAR

CULTURA
El autor bilbaíno recorre la América profunda en Viajando con Thirsty, una crónica de viajes que entrelaza ensayo sociológico y diario personal que continuará en…
CULTURA
ACTUALIDAD
Caba acaba de publicar Otro perro andaluz, un álbum construido a partir de poemas de Federico García Lorca. En esta conversación hablamos sobre tradición, flamenco,…
CULTURA
El equipo de investigación detrás del proyecto Navegando Arquitecturas de Mujer, conformado por Elia Gutiérrez, Ana Gilsanz, Asunción Díaz y Daniela Arias, nos habla sobre…

Suscríbete a la Newsletter

Ir al contenido