Bajo el manto estrellado, envuelto por la magia de una aurora boreal, interpretando una hora de las más hechizantes melodías de piano. Así lo descubrimos nosotros y varios millones de personas más en su ya mítico vídeo grabado en Laponia. Aunque su hechizo no terminó ahí; llegó Alba, Nara, Medellin y luego el álbum Noche en bucle; después un concierto en la Costa Brava en el verano de 2025; y finalmente un tema, “Tant pis” (en colaboración con Rim’K y TIF), que despierta nuestro lado magrebí con intriga… tantas etapas que han desembocado en este singular encuentro con el virtuoso Sofiane Pamart.
Apodado el «Piano King», y en la recta final de su gira europea previa al lanzamiento de su cuarto álbum, hace escala en Barcelona, en el emblemático Palau de la Música Catalana. Allí tuvimos la oportunidad de entrevistarlo el día anterior a su concierto en la ciudad. El pianista francés lleva consigo una propuesta musical que, en apenas unos años, ha conquistado a una audiencia global, de la que el público catalán no es una excepción.

Nacido en Lille y formado durante dieciséis años en el conservatorio, Sofiane Pamart proviene de un recorrido clásico riguroso que no le impide trazar un camino singular. Su colaboración con la escena del rap francés, de SCH a Rim’K o Laylow, marca un punto de inflexión en su vida. Donde el conservatorio le impuso una interpretación fiel, el rap le ofreció un espacio de expresión, libertad e instinto. Una realidad que no lo alejó de su pertenencia al mundo de la música clásica, que sigue reivindicando con fuerza.
Procedente de un entorno popular, Sofiane defiende una relación sencilla con la música, una voluntad de permanecer conectado a lo que llama «el corazón del pueblo». Una línea que se refleja en sus elecciones artísticas, en la accesibilidad de sus composiciones y en su forma de ocupar espacios históricamente percibidos como elitistas, como la Ópera Garnier de París, abriéndolos a sensibilidades contemporáneas.
En su discurso, como en varias de sus intervenciones públicas, el artista francés defiende una visión del piano como lenguaje universal: no quiere elegir, quiere unir, ampliar su influencia y normalizar su presencia con total libertad.
Sobre el escenario, esa libertad se vuelve total. Conversando en el Palau, en la víspera de su concierto, nos confiesa que nunca los prepara: «Pongo las manos sobre el piano y se impone». Cada actuación se convierte en un momento único, casi orgánico, donde la conexión con el público se construye en el instante. Esto nos recuerda al DJing: el público, cuando se observa y se escucha, comunica de forma tácita cómo quiere ser acompañado.
Precisamente, Sofiane ha comenzado a abrirse más al público en sus últimos conciertos, tratando de conectar más con la audiencia. Algo que le ha llevado a quebrar los rígidos protocolos de la música clásica. En su concierto en Barcelona, llevó a toda la grada a palmear a ritmo de su melodioso piano, interrumpiendo su interpretación para formar un coro con los más entusiastas para acabar musicalizando el Palau entero.
Aunque ha sido la composición de MOVIE , su nuevo álbum, lo que ha abierto definitivamente un nuevo capítulo en su historia artística.

Tras Planet, Letter y Noche, imagina este nuevo álbum como una película. «Es la primera película para la que compongo la música», explica. Un proyecto que decidió iniciar él mismo tras rechazar propuestas del mundo del cine, para mantener el control total de la narración. MOVIE se presenta así como un “film sonoro” en el que cada colaboración funciona como un personaje, más que como una simple colaboración.
¿Veremos también una película en formato videoclip acompañando la salida del álbum? La duda permanecerá hasta su estreno este próximo 17 de abril.
Movie, concebido como una obra continua de 63 minutos, “debe escucharse de una sola vez en la primera escucha” explica Pamart. Una manera de respetar la intención narrativa y emocional del proyecto. Aunque lejos de imponer una interpretación, propone una experiencia abierta: “la música no tiene límites de imaginación ni de apropiación. Cada oyente proyecta en ella su propia vida, y eso es lo que más me gusta”

Basta con observar la escala del proyecto para entender porque lo considera su álbum más ambicioso: grabado en Praga con una orquesta de 70 músicos , un coro y un amplio elenco internacional:J Balvin, Sia, Rema, Melody Gardot, hasta un total de 14 invitados. Todos participan en lo que describe como un verdadero “casting”, donde, más que featurings “cada artista encarna un papel en la película de mi vida”. Entre ellos, la colaboración con Jimmy Butler destaca especialmente y despierta la curiosidad de nuestra redacción. Nos explica que esta participación fue concebida como una narración introspectiva en torno al duelo y la identidad, introduciendo una dimensión narrativa poco habitual en su trabajo, con una voz en off que estructura el “film”.
Así relataba su encuentro con el jugador de la NBA: “Nos conocimos en el cumpleaños de J Balvin y en cuanto me puse a tocar el piano, surgió algo de inmediato entre ambos. Jimmy Butler es un gran apasionado de la música, pero también alguien muy original, incluso en su carrera como deportista. En su manera de pensar, de comportarse, de expresarse… tiene todos los ingredientes de un artista. Tiene una voz muy carismática. Y cuando aceptó abrirse de esa manera, hablando de la muerte de su padre, de su alma, de sus reflexiones en Midnight in California, donde dice además que su vida se parece a una película: aparecieron muchos vínculos con este álbum”.
A partir de estos detalles, volvemos a incidir sobre la diversidad de los “actores” de este “film”que contempla todo tipo de públicos y géneros. Así, el piano de Sofiane conquistará a los amantes del afrobeat en su fantástica actuación con Rema, a los del reggaeton con J Balvin y a los del jazz con Melody Gardot, entre otros. Por ello, estamos seguros que MOVIE conectará con un público muy amplio y diverso con capacidad de volverse una referencia global, al tiempo que celebra lo más íntimo narrando todo un espectro de emociones y duelos.
Sin embargo, insiste en que hay un hilo conductor claro en el álbum; “la voz común desde el primer tema hasta el último es el piano. Y, por supuesto, tengo mi propio lenguaje armónico. Lo veo como una colorimetría, como un etalonaje. Tarantino es Tarantino. Tim Burton es Tim Burton. Yo, aplicado a la música, soy un director con un color particular, con una manera de ‘etalonar’”.

Esa colorimetría sonora surge también de múltiples paisajes y lugares que han impactado este nuevo álbum. Descubrimos entonces que su vida cotidiana en su casa de Los Ángeles (donde compuso el álbum durante dos años) le marcó profundamente, de modo que nos habla del privilegio de poder “cazar las magic hours”, algo que se percibe en la estructura del disco, desde su apertura (con la canción Sunrise in Your Eyes) hasta su cierre (con la canción Horizon Sunset).
Paralelamente, ciudades como Praga le aportaron una profundidad histórica que alimentó una reflexión más amplia sobre el tiempo, la memoria y el lugar del individuo. Sobre ello comenta: “Me enamoré de esta ciudad. También necesitaba un lugar con mucha historia, algo que atravesara las épocas. Eso me faltaba un poco en Estados Unidos. Necesito eso para vibrar y sentir el lado conmovedor del pasar de las épocas, que al final nos hacen tan insignificantes. Tenemos una vida muy pequeña comparada con la escala del tiempo”.

Con este proyecto, el más ambicioso de su carrera, emerge una emoción central: una melancolía luminosa. “Cada pieza nace de un desbordamiento de emociones”, confiesa. Una tensión interior que solo logra calmar transformándola en música.
Surge entonces la pregunta: ¿en qué etapa del “film” se identifica hoy?
“Responderé de forma distinta según el momento. Hoy, la escena que más me representa en mi estado actual es Only the Unions. Quizá mañana te diría otra cosa. Antes fue The Knight Ceremony.Depende totalmente de mi estado emocional”.
La dimensión íntima del álbum es evidente, y se refleja incluso en su portada: una foto de su infancia tomada por su padre. Nos detalla este aspecto personal con naturalidad: “Representa los momentos de la vida que desaparecen demasiado rápido. La infancia es una etapa maravillosa, pero pasa muy deprisa. También creo que la fotografía analógica capturaba esos momentos sin perturbarlos”.
Y, como tomando distancia frente a la omnipresencia de los formatos rápidos actuales, añade: “Hoy, con lo digital, vemos el resultado en tiempo real, es mucho más intrusivo. Antes simplemente vivíamos, y redescubríamos las fotos después. Era un nuevo momento de vida, casi una segunda emoción. Y eso me parece maravilloso”.
Y es que la historia familiar y los orígenes del virtuoso no son ajenos a la forma que adopta su música. Habla de un “gran viaje” del que forma parte, que inicia con su abuelo amazigh (de Taroudant), que recorrió Marruecos siendo un niño antes de ser reclutado para trabajar en las minas en Francia. Un viaje que él siente que continúa recorriendo cuando gira por el mundo con su pasión por la música, aunque reconoce que se trata de épocas y realidades muy distintas.

También destaca otro aspecto de su multiculturalidad: “En casa hubo un encuentro entre una cultura muy oral y otra muy escrita. Estas dos formas se sienten sobre todo en la música. Es una manera de vivirla a través del ritmo, la escucha y la transmisión oral, y otra forma de aprender mediante las partituras”.
Esa dualidad ha dado lugar a un enfoque único: criado en Francia y “hijo” del conservatorio, ha sabido extraer de su recorrido una libertad nueva para abordar este repertorio, que hace suyo con elegancia.
Se plantea entonces la cuestión de su impacto en la democratización de la música clásica: el peso del clasismo, las élites y su difusión en sectores durante mucho tiempo considerados ajenos a este arte. ¿Es esto, acaso, un desafío para el artista?
“No es un desafío. Cuando hablo del corazón del pueblo, hablo de un entorno del que vengo y del que no quiero desconectarme nunca. Aunque todo a mi alrededor cambie, espero que mi música mantenga esa relación simple con la vida. Mi manera de interactuar con la gente y con mi entorno es muy sencilla. Y no quiero que mi música se vuelva algo demasiado elitista o distante”.
Sin proponérselo explícitamente, su trayectoria ha generado un impacto real, especialmente en las nuevas generaciones. Sofiane Pamart considera que ese impacto va más allá de la música y lo percibe entre los más jóvenes «una fuente de inspiración, una motivación para perseguir cualquier proyecto».

De cara al futuro, reconoce su interés por la transmisión: “Compartiré mi forma de ver el mundo y la música, para dar aún más acceso a ella, no solo a través de la escucha, sino también del aprendizaje. Pero todavía tengo muchas cosas por hacer antes de poder afirmarlo realmente”
Antes de despedirnos, le planteamos una última pregunta, nuestro clásico de la redacción: ¿qué es para él la contracultura?
Su respuesta es matizada y algo paradójica: “De la contracultura han nacido grandes movimientos. Hay que ser especialmente activo en ese momento porque es cuando se requiere más energía para crecer.
Ahí es donde pueden surgir problemas. Veo dos derivas: por un lado, quienes la apoyan pero la abandonan cuando se vuelve dominante; por otro lado, hay artistas que se pierden por el camino y olvidan de dónde vienen.
Mi deseo es que la contracultura se haga lo más grande posible, porque los movimientos que realmente impactan en el mundo necesitan alcanzar cierta escala. Eso implica salir del estatus contracultural sin perder su energía, su rebeldía y su sinceridad”.
Su ambición es clara: lograr que crezcan esos movimientos sin traicionar su esencia.
Y es precisamente ese equilibrio el que parece encarnar hoy Sofiane Pamart, componiendo una obra que trasciende fronteras, reúne sensibilidades y, en cierto modo, redefine la música clásica contemporánea.
Entrevista realizada y editada por Max Sorribas y Soumeya Lerari
