Gwenifer Raymond y Yerai Cortés, dos guitarras arrebatadas

Gwenifer Raymond y Yerai Cortés, dos guitarras arrebatadoras

yerai cortes
Gwenifer Raymond y Yerai Cortés estrenaron sus guitarras en la sala Apolo en un doble concierto que arrebató al público con dos propuestas muy diferentes, marcadas por la intensidad emocional y la pericia técnica.

«Cuando no sabía como expresarme con palabras siempre confiaba en mi seis cuerdas», rezaba Paco de Lucía. Un amplio espectro emocional se esconde entre los trastes de una guitarra. Para muestra el primer concierto del ciclo Primavera en la Ciutat 2026 que arrancó este lunes con una espectacular propuesta doble en la sala [1] de Apolo en Barcelona. Dos guitarras acústicas portentosas, de técnicas distintas y contrastantes, country-blues de un lado,  flamenco de otro, pero ambas tratando de destilar la máxima pureza emocional para su público.

Gwenifer Raymond, la guitarra primitiva

La primera pertenece a la multiinstrumentista galesa Gwenifer Raymond, que se estrenaba en nuestro país con su particular aura de guitarrista indómita. Una única silla de madera iluminada por dos tenues haces de luz le esperaba en el escenario. Salió antes de lo previsto con su estilo habitual: descalza, camisa negra y vaqueros con la melena tapándole parcialmente el rostro.

gwenifer raymond
Gwenifer Raymond durante el concierto en la sala Apolo. 

Toda ella con un aire desaliñado, pero magnético a lo Kurt Cobain, uno de sus referentes en su época grunge-punk con la que despuntó años atrás y de la que se alejaría por completo tras su reconversión en los Apalaches. Buscando reconexión espiritual y pureza sonora, vería la luz en la música blues y musca de esta región, donde todavía pervive algo del legado ancestral de los nativos americanos. Allí se despidió de las letras y se consagró a la instrumental.

Tomando como referente al desaparecido Robbie Basho, renunció a mayores complejidades y se armó de valor para recorrer el mundo con un banjo y una guitarra acústica.  ¡Y caramba qué envite sonoro!  Con solo oír sus primeros compases, con ese punteo brutal que acaba por hipnotizarte, uno entiende porque la llaman la heredera del Primitivismo Americano. Ese insólito género que forjó el desaparecido guitarrista autodidacta John Fahey  combinando el country-blues más tradicional con composiciones más vanguardistas. Destaca especialmente por su singular técnica de punteo fuerte y salvaje como un caballo desbocado que lucha por liberarse de sus riendas. Sin duda, el virtuoso Fahey, que murió olvidado y en la pobreza, sonreiría genuinamente al ver como se mueven las manos de su legítima heredera.

Así, durante una hora, interpretó algunos de sus temas más elaborados y longevos mayoritariamente de su último álbum Last Night I Heard the Dog Star Bark (2025), entre los que destaca el misterioso Jack Parsons Blues, el trance vibrante de Bliws Afon Tâf  y, por supuesto, Bleak Night in Rabbit’s Wood que te hace sentir en cada cambio de ritmo una fuerza elemental.

Siguió con composiciones más añejas y meditativas para acabar improvisando con Champion Ivy. Hay, sin embargo, algo indescifrable en todos sus temas,  una suerte de fantasma acechante, ese haunting intraducible que se cuela entre sus  melodías convocando algo atávico en sus poderosos bajos. Un estado inducido del vivo y en directo.

Durante la performance, Gwenifer apenas se dirigió al público, afirmando que no se le daba bien hablar y que prefería transmitir con la guitarra reafirmando la cita de de Lucía del inicio. Acabado su tiempo se levantó y se fue con la sobriedad y el saber estar con el que llegó, deslizándose tras las cortinas del teatro.

Yerai Cortés, la guitarra corifea

La segunda pertenece a Yerai Cortés, el genio gitano que acaricia sus cuerdas con magia flamenca y una delicadeza sin igual. Apenas han pasado 2 años desde que saltase a la fama con el documental de C.Tangana y demostrara su enorme talento con ‘La Tania’ en la bellísima Los Almendros y ya ha logrado reinventarse varias veces. Primero, separándose creativamente de su pareja, transformó su guitarra en coral para su nutrido grupo de cantaoras con las que ha ido adaptando y perfeccionando su puesta en escena  según las necesidades y particularidades de cada escenario. En poco tiempo, ha logrado presentar una serie de espectáculos mutantes que fueron de lo más tradicional a incorporar toques de electrónica, grandes visuales y efectos disonantes, sin perder jamás, eso sí, la esencia del flamenco.

Llegaba a este Primavera en la Ciutat especialmente fresco, con las canciones de su nuevo álbum Popular por estrenar en vivo y con más matices para reinterpretar sus éxitos. Tras una larga espera para que los técnicos rebosaran el escenario de micrófonos (esenciales para apreciar las palmas al completo), salió a escena casi a oscuras y escondiendo el rostro tras un periódico. Se sentó en la misma silla que había ocupado Gwenifer Raymond escasos minutos antes. Tomó la guitarra a tientas y, de pronto, fue iluminado por los móviles de su sexteto de cantaoras que en derredor formaban una curiosa figura de manto humano.

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Yerai Cortés durante el concierto. Foto: Gisela Jane

Arrancó el recital con su último tema, Roto X TI , entre vítores, con voz suave y serena. La sala entera enmudeció al segundo verso. Su sentido confesionario aumentó de intensidad con la entrada de las seis cantaoras (Macarena Campos, María Reyes, Nerea Domínguez, Elena Ollero, Salomé Ramírez y Marina Perea) que procedieron a recordarle durante hora y media sus amoríos, pecados y penas, engrandeciendo cada una de sus melodías. Las seis marcando el ritmo, fuese con las palmas o con los pies o percutiendo con bastones o utensilios de cocina (ralladores, coladores, pucheros) en absoluta sincronía.

Yerai siempre concentrado, a veces contenido y otras más arrebatado, les dejaba espacio, se situaba de espaldas o apoyaba una pierna sobre la silla siguiendo el sentir de cada canción. Contuvo la respiración para iniciar Lo malo que he sido contigo, despegó con la tonadilla de Los Almendros y sonrió  con la celebración alicantina y enamorada de Ni en los cafés  parisinos/Ni en los puertos italianos. Aunque fue quizás la elegía fraterna X tu silencio lloro la que caló más hondo de todas. El público cautivado pudo disfrutar de varios bises que cerraron el círculo nuevamente con Roto X TI  en una versión más desgarrada y poderosa. Tras unas reverencias, un repiqueteo de bastón y una breve a capella salieron airosas Cortés y sus seis magníficas coristas. La resaca emocional continuó en la salida.

Así se sucedieron dos prodigios de la guitarra, dispares en su sonoridades, latitudes y propuestas escénicas, pero con la misma entrega y devoción por el instrumento; llegando a emocionar profundamente desde dos maneras distintas.

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