¿Cómo se filma un espacio donde confluyen los deseos de ser madre, de formar una familia o de iniciar una transición de género? Para responder a esa pregunta, Gianluca Matarrese pasó meses observando el día a día de una consulta médica en Italia. El resultado es GEN_, una película que evita el sensacionalismo para centrarse en las personas. Hablamos con él sobre cine, consentimiento, ciencia, naturaleza y empatía.
El documental se adentra en algunos de los debates más complejos de nuestro tiempo —la fertilidad, la identidad de género, la medicina y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo— a través de la figura del doctor Maurizio Bini y de los pacientes que pasan por su consulta. Conversamos con su director, Gianluca Matarrese, sobre el origen del proyecto, la ética documental, la construcción de la mirada cinematográfica y la sorprendente humanidad que atraviesa toda la película.
Tu película toca temas tan sensibles como la fertilidad y el género. ¿Cuál es el origen personal de tu interés en estos temas?
Gianluca Matarrese: Creo que para cada director y para cada proyecto es una historia distinta, una manera diferente. Para mí las películas suelen ser encuentros humanos que ocurren constantemente desde mi primera película. A veces las ideas también llegan a partir de invitaciones externas, de cosas que te rodean. Y son las películas las que me llaman a mí, no soy yo quien encuentra una idea. En particular, esta película, GEN_, fue un encuentro real que no había planeado.
Una amiga muy querida, Donatella Della Ratta, profesora en la John Cabot University, estaba realizando una investigación para un libro. Estaba escribiendo sobre la economía social y la historia política, social y económica de las hormonas. Es un tema muy específico. Y necesitaba un lugar donde poder ir a observar. Ella es antropóloga y trabaja mediante la observación. Conoce mi cine y conoce mi manera de trabajar, sabe que me gusta observar, que me gusta ser más bien un antropólogo inmerso en la realidad. Y me dijo: “Creo que aquí hay material para una película. ¿Por qué no vienes conmigo?”.
Ella le preguntó a su propia ginecóloga y esta le recomendó que fuera a conocer al doctor Maurizio Bini porque probablemente es la única persona en el mundo que ejerce estas dos especialidades en un mismo lugar, en el hospital público Niguarda de Milán. Como ella necesitaba observar procedimientos relacionados con las hormonas, aquel era el mejor lugar, porque en ambas especialidades las hormonas desempeñan un papel central.
Fui con ella y comprendí inmediatamente que allí había una película. Y también fue un verdadero encuentro con el doctor Bini. Es una persona mágica.
¿Cómo fue la colaboración con Donatella Della Ratta? Ella aparece acreditada como coguionista de la película.
En realidad hacíamos el mismo trabajo, pero de maneras diferentes. Compartimos una forma similar de observar y de no interferir con lo que sucede. Pero al mismo tiempo yo tenía que pensar en la narrativa. En cómo contar la historia, cómo filmarla, dónde colocar mi mirada, sobre qué enfocarme y desde dónde. Esas decisiones terminan convirtiéndose en el lenguaje de la película, en su código y en su narrativa. Después Donatella y yo discutíamos mucho. También escribíamos juntos durante todas las fases del proceso.
Durante el montaje yo estaba aquí, en París, editando con la montadora Giorgia Villa. Era la primera película que hacíamos juntos. Nos conocíamos muy bien. Donatella venía algunas veces y luego hicimos una pausa durante el verano en la que estuvimos juntos revisando lo que habíamos trabajado con la montadora. Fue realmente una relación de coescritura.

Mencionaste que el doctor Bini es una persona mágica. Quería preguntarte precisamente por él porque en pantalla aparece como alguien fuera de lo común. En español decimos “un fuera de serie”, una persona muy poco habitual. ¿Cómo se dice en italiano?
Fuoriclasse. Fuera de serie.
Lo conocemos en la película en la primera escena en que aparece recogiendo setas en el bosque. Parece efectivamente algo casi mágico. Y luego te das cuenta de que es un hombre de ciencia, un médico. Cuéntame cómo fue la relación con él.
Creo que el doctor Bini entiende a la gente muy rápidamente. Comprendió quiénes éramos y cuáles eran nuestras intenciones en cuestión de segundos. En realidad, ese es su trabajo. Tiene personas delante de él todo el tiempo y necesita entenderlas muy deprisa. No concede entrevistas a cualquiera. Es una persona muy mediática. Tiene un programa semanal en una importante emisora de radio italiana. Es un espacio en el que habla de sexo. Se llama Let’s Talk About Sex. Es divertido, tiene un tono cómico. Le gusta hacer teatro, escribir libros, ir al cine. Es una persona muy sociable. Se siente cómodo frente al público. Participa en muchas reuniones, conferencias y programas de formación, viajando por hospitales y universidades. No es tímido.
Pero al mismo tiempo presta mucha atención a qué medios escriben sobre él o a quién concede entrevistas. No lo hace con cualquiera. Cuando llegamos, le inspiramos confianza porque Donatella era una profesora muy respetada y yo era un cineasta con una trayectoria consolidada. Además, es muy cinéfilo y conoce el cine. Y una vez que tienes garantizada su participación y su acceso, también tienes garantizada la participación y el acceso a los pacientes. Nosotros estábamos dentro de la consulta y cuando llegaban los pacientes era él quien les explicaba quiénes éramos y qué estábamos haciendo. Después nosotros nos presentábamos. Y si no estaban de acuerdo, salíamos de la sala. Pero fueron muy pocos los que rechazaron ser filmados.
Con el tiempo comprendió perfectamente qué clase de película estábamos haciendo, qué necesitábamos y qué buscábamos. Entonces empezó a proponernos cosas por iniciativa propia. A veces invitaba a alguien a entrar en la consulta pensando que podía convertirse en una buena secuencia para la película. O esperaba a que llegáramos para contarnos alguna historia que había ocurrido en su despacho. O programaba una cita con un paciente y nos decía: “Esto será muy interesante para vosotros”. Fue un gran aliado. Nos abrió completamente las puertas de su mundo. Aprendimos cosas sobre ese mundo y aprendimos cosas sobre los seres humanos. Fue un viaje maravilloso para todos nosotros.
Me transmitió fue precisamente eso: una persona abierta, franca, que disfruta hablando, escuchando y comunicándose. Pero también pensaba que como médico que trabaja con personas que atraviesan procesos de reasignación de género o problemas de fertilidad, existe un código ético muy importante. ¿Cómo expone a sus pacientes? ¿De qué manera protege su intimidad? ¿Cuándo obtenían el consentimiento de los pacientes para aparecer en la película? ¿Cada persona debía aceptar individualmente y firmar documentos? ¿Alguna vez alguien se arrepintió después y ya no quiso aparecer?
En realidad todos tuvieron que firmar. A veces antes del rodaje y otras después, dependiendo de la relación que tuviéramos con ellos. En algunos casos los pacientes regresaban varias veces, así que se desarrollaba una relación. Hubo diferentes situaciones. También hubo personas que no estaban preparadas para firmar inmediatamente. Querían pensarlo. Entonces las llamábamos más adelante. Además, nosotros tampoco sabíamos todavía quién acabaría apareciendo en la película. Filmamos a más de cien pacientes y en la película aparecen aproximadamente veinte. Por eso necesitábamos obtener los consentimientos antes de editar o durante el proceso. A veces ocurría que, ya en la sala de montaje, sabíamos que determinada historia iba a formar parte de la película. Entonces contactábamos con la persona para preguntarle si seguía de acuerdo. Solo ocurrió una vez que alguien cambió de opinión. Pero no fue un problema grave porque teníamos muchas historias sobre temas similares.
Con algunos pacientes seguimos en contacto. También fueron invitados a ver la película. Varios de ellos asistieron a las proyecciones. Y hay que entender que cada persona tiene una razón diferente para participar en un proyecto así. Algunos son activistas y quieren transmitir un mensaje al mundo. Otros quieren compartir su dolor o su recorrido con personas que están pasando por lo mismo. Quieren servir de ejemplo. Otros tienen una personalidad más exhibicionista, igual que Bini. Quieren ser vistos. Y otros simplemente sienten curiosidad por el dispositivo cinematográfico. Cada persona tiene sus propios motivos para formar parte de una película. Y eso ocurre en cualquier documental.

Quería preguntarle específicamente por un personaje: hay un ciudadano egipcio, o egipcio-italiano, que está en prisión. Va acompañado por una agente de policía a la consulta de reasignación de género. ¿Cómo fue eso? Porque imagino que las personas encarceladas no tienen las mismas dinámicas. Me sorprendió mucho.
Sí. De hecho, en cuanto entraron en la consulta decidí no filmar sus rostros. A veces siento que hay situaciones especialmente delicadas y que podrían generar problemas. Por eso, en ocasiones, bajo la mirada. También hice algo parecido cuando filmaba pacientes menores de edad. No quería recurrir a la censura tradicional de los rostros. Quería ocultar identidades utilizando elementos reales del entorno. Es decir, esconder los rostros detrás de papeles, detrás de una estantería o de objetos que ya estaban en la habitación. Utilizaba objetos físicos para ocultarlos, en lugar de hacerlo después en posproducción. No era solamente una cuestión técnica. También era una forma de mostrar respeto hacia las personas. Y de expresar que, en ocasiones, uno mismo puede sentirse incómodo. No quieres invadir demasiado la intimidad de alguien. Quería expresar eso de una manera técnica y física, no simplemente añadir una censura digital después. Cuando haces un reportaje no estás filmando una guerra.
Además, la película tiene un punto de vista. Debes sentir la presencia del autor detrás de ella. De lo contrario sería una película científica, un tipo de obra completamente diferente. Y ese no era el caso de esta película.

Me gusta ese método de utilizar objetos físicos para ocultar los rostros. En realidad crea una distancia entre tú y el sujeto. Y además es una decisión irreversible. No puedes recuperar ese rostro después en postproducción. Tomaste una decisión en el momento y te mantuviste fiel a ella.
Me gusta trabajar así. Y lo aprendí sobre el terreno. Esta es aproximadamente la décima vez que hago algo así y sé que el director debe tomar decisiones. Esa es la parte más difícil. Incluso cuando tengo una segunda cámara o personas filmando para mí, tengo que entrenarlas para trabajar de esa manera. A veces necesito estar allí diciéndoles exactamente qué hacer. Por eso me gusta filmar yo mismo.
Por ejemplo, en la secuencia de Bogdan, el hombre trans búlgaro adoptado. La situación me afectó tanto emocionalmente que dejé de filmar a Bini y me concentré únicamente en él. Necesitaba permanecer con él. Aunque la otra cámara también lo estaba filmando. Terminamos teniendo dos cámaras apuntando al mismo sujeto. Pero yo no confiaba en el encuadre de la otra cámara. Sabía que no me gustaba el ángulo. Estaba emocionado, estaba llorando. Y yo no quería filmar a una persona llorando de frente. Quería hacerlo desde un lado. Así que muchas veces terminaba haciendo el trabajo de dos cámaras aunque estuviera acompañado por otra persona.

Era un momento emocional que no debía interrumpirse con un contraplano del doctor.
De hecho, solo coloqué un plano frontal en toda la película. Es el último.
Porque decidí que cuando llega la nueva doctora a la consulta hacia el final de la película y los pacientes la reciben, es como si la estuvieran acogiendo dentro de esta familia. Y el último paciente es quien ha completado el proceso de transición de género. Está hablando de sus documentos.
Ese plano es frontal.
Es como decir: “Empieza un nuevo capítulo de esta historia. Bienvenida a este mundo”. Y ese es el final de la película. Por eso solo hay un plano frontal de un paciente al final.

Existe todo un tema recurrente con las setas y el micelio. ¿Fue algo que decidieron utilizar posteriormente para unir toda la película? ¿O desde el principio se dieron cuenta de que este hombre ama las setas y eso podía convertirse en un leitmotiv?
Eso surgió directamente de la realidad que estaba filmando. Pasé mucho tiempo en esa consulta. Y, por supuesto, necesitaba salir de allí y trabajar en otro nivel narrativo. Porque no todo podía ocurrir dentro de la consulta. Mientras filmaba iban surgiendo ideas. Una de ellas era la naturaleza. Porque estamos hablando de cuestiones que pueden parecer una forma de forzar a la naturaleza. Mientras filmaba en el laboratorio y observaba los procesos de reproducción asistida, dos ideas empezaron a aparecer. Cuando miraba por los microscopios, lo que veía me recordaba mucho al universo. Pensaba: “Estoy observando el cosmos”. Así que durante el montaje pensé en introducir el cosmos en la película. Incluso los cráteres de la luna se parecían a algunas de esas imágenes. Fue una auténtica revelación. Necesitaba conectar lo micro con lo macro. Y lo mismo sucedió con la naturaleza. Porque esto es algo que él hace realmente. Lo sabe todo sobre las setas. Tiene una casa en la montaña donde suele ir a recogerlas. Lo que le apasiona es buscarlas, clasificarlas, conocerlas, estudiarlas, coleccionarlas. Aprende de ellas. Ni siquiera come tantas. Así que lo acompañé en esa exploración. Y todo encajaba perfectamente con la idea de que todos estamos conectados a un plan más grande.
Y no se trata de religión. Se trata del sentido de lo religioso. De esas preguntas fundamentales que todos tenemos: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Quiénes somos? No hablo de religión institucional. Hablo de ese sentimiento. Para mí era muy importante que eso estuviera presente en la película. Porque son las grandes preguntas que la película invita a hacerse.

Tengo la sensación, viendo tu película, de que tiene un final abierto. Él menciona que está cerca a jubilarse, pero en la película no se jubila. Para mí eso también funciona como una metáfora de todo el proceso que atraviesan estas personas. No es solo el objetivo de la transición a hombre o mujer. Es un proceso continuo. No es solo el objetivo de tener un hijo, porque luego hay que criarlo. Entonces, ¿cuál es el estado actual de los acontecimientos? ¿El doctor Bini está jubilado? ¿Sigue a cargo de la clínica?
Ahora hay cinco personas que lo están sustituyendo. Él sigue yendo a la consulta porque le gusta su trabajo. Pero hay tres ginecólogos encargados de la parte de la procreación y Chiara se ocupa de la parte de la transición. Pero él sigue trabajando. No quiere retirarse. Va allí. Tiene consultas ginecológicas, a veces realiza operaciones. Pero quiere tener más libertad. Me dijo que quizá nunca se retire. Quizá trabaje seis meses y luego viaje seis meses. Quiere tener más tiempo para hacer otras cosas, pero no puede estar fuera del trabajo. Realmente necesita estar allí. Así que se ha retirado oficialmente en el sentido de que ya no es el único responsable del servicio. Podría quedarse en casa y no volver, pero ha decidido no hacerlo. Sigue en la película.
Hicimos la idea de la jubilación porque ahora hay otras personas que lo reemplazan realmente. Pero algunos pacientes siguen queriendo verlo a él y no a los demás. Y, de hecho, sigue siendo el jefe del servicio. Se puede trabajar clínicamente y luego ser jefe del servicio. Y aunque no trabajes, sigues siendo el jefe. Es también un rol de gestión. Se encarga de contratar, del personal, de los problemas de organización. Porque el hospital es, en realidad, una empresa.
No parecía el tipo de persona que simplemente se retire. Mi padre también es médico. Nunca se va a retirar. Ya pasó la edad de jubilación y sigue trabajando.
Como nosotros, creo que nunca nos retiraremos de hacer películas.

La última pregunta para mí sería sobre la recepción de tu película. Es un documental que puede generar polémica. ¿Cuál ha sido la recepción de la película en la sociedad y en los medios?
La reacción siempre es muy positiva porque la gente tiende a olvidar el lado político de la película cuando ve el lado humano. Ese es el objetivo: no espectacularizar ni explotar lo sensacionalista de los temas, sino ponerte al mismo nivel de los pacientes. La primera proyección la tuvimos en Sundance, en Estados Unidos. Fue dos meses después de que Trump comenzaba su mandato, y hubo muchas preguntas políticas. Sobre si éramos activistas, cuál era el mensaje. En Estados Unidos, donde el sistema público es casi una utopía, esta es también una película sobre el servicio público. En un contexto de mucha presión, pero mostrando que un sistema así puede existir. Puede ser también una forma de esperanza. La película habla de la figura de un médico que es un buen médico. Aunque todos tengamos experiencias negativas con hospitales o con el sistema público. Este es un ejemplo que da esperanza, porque existe. El público reaccionó con sentimientos muy positivos después de la proyección. Es, de hecho, una película optimista. Una película “feel good” en Sundance. Después de la primera proyección, un hombre probablemente votante de Trump, con sombrero de cowboy, se me acercó y me dijo: “Qué película tan bonita. Me ha encantado”. Así que no sintió el lado controvertido de los temas.
Las únicas reacciones realmente polémicas vienen de los extremos. Por un lado, sectores católicos muy radicales, que incluso publicaron artículos diciendo que Bini cree que es Dios. Y por otro lado, asociaciones trans muy extremas que están en contra de la medicalización de los cuerpos. Pero cuando se pasa por estos procesos, necesitas supervisión médica, porque tomas medicamentos durante toda la vida. He visto pacientes con consecuencias graves por estos tratamientos. Y necesitan control médico. Algunas de esas posiciones extremas fueron las que generaron polémica.
La película no está apoyada por la televisión pública italiana, a diferencia de Francia y Suiza, que sí la apoyaron. Pero aun así tuvo una buena distribución dentro de lo posible para este tipo de cine. Es un documental, al final. Y hubo muchos debates y coloquios muy interesantes. En Italia se proyectó bastante y sigue proyectándose. Hemos estado en muchos lugares del mundo. Y cada vez que vamos, cuando está Bini presente, la gente se queda en la sala haciendo preguntas durante mucho tiempo. Tenemos que pedirles que salgan de la sala. Y Bini hace siempre el espectáculo. La reacción ha sido muy positiva.

