En el marco de la FIL de Guadalajara 2025, uno de los encuentros editoriales más importantes del mundo hispanohablante, conversamos con Vishnu Bachani,académico e investigador especializado en piratería digital, circulación del conocimiento y cultura política en internet. Su trabajo se sitúa en la intersección entre tecnología, geopolítica y acceso a la información, abordando fenómenos como las “bibliotecas fantasma”, las tensiones legales en torno a la propiedad intelectual y el papel de internet en los procesos de politización contemporáneos.
Cofundador del Ciclo de Cine Revolucionario y participante en el movimiento de acceso abierto, combina investigación académica y trabajo militante.
Antes de entrar en materia, me gustaría que hicieras un breve resumen biográfico: que te presentaras un poco, qué estudiaste y algo de tu historia.
Me llamo Vishnu Bachani. Soy hijo de migrantes indios a países imperialistas. Nací en el Reino Unido; mi papá es indio-británico y crecí con mi mamá, que se mudó a Estados Unidos. Entonces, soy indio anglo. Hice la licenciatura en Nueva York, en música y matemáticas. Aunque me fui politizando en el colegio, no llegué a la izquierda más radical hasta después. Tras la universidad tuve un trabajo en cooperación y luego fui funcionario diplomático estadounidense, lo que me llevó a México de forma semiinvoluntaria.
¿Cómo llegaste a México?
El consulado estadounidense me envió a Ciudad Juárez donde trabajé de vicecónsul durante dos años, de 2020 a 2022. En ese periodo me fui radicalizando más. Terminé despedido por infracción de leyes diplomáticas al ayudar a solicitantes de visa mexicanos. A partir de ahí, di un giro a mi vida: apliqué a dos posgrados, entré en la UNAM y me mudé a Ciudad de México para estudiar Ciencias Políticas.
¿En qué momento aparece el interés por la piratería como objeto de estudio?
El tema de mi maestría fue la piratería digital y su relación con el capitalismo, o cómo cumple una función latentemente anticapitalista. Esto surgió de varias experiencias que tuve en Ciudad Juárez. Aunque no la pasé bien en el trabajo, sí la pasé bien socializando e involucrándome en el entorno político de la ciudad.
Con mi mejor amigo de allí fundamos un festival de cine revolucionario. Al intentar gestionarlo —conseguir las películas, etcétera—, tuvimos que recurrir no solo a torrents, sino a redes mucho más profundas. Eran películas que ni siquiera estaban disponibles online.. Ahí me adentré más a fondo en ese mundo, en ese inframundo de la piratería.
¿Qué descubriste al adentrarte en ese mundo?
Descubrí muchas cosas de las que no se habla. No aparecen ni en Wikipedia ni en la literatura académica. Por eso la tesis tiene una forma un poco rara: es mitad manifiesto, mitad memoria. Es poco ortodoxa, pero al menos pone luz sobre estructuras del ecosistema pirata que normalmente no se ven.
Después de terminar la maestría en abril de este año, he estado haciendo divulgación popular de ese trabajo, tanto en formatos prácticos —enseñar cómo piratear— como en formatos teóricos, como esta charla que di aquí en la FIL y otras sobre bibliotecas fantasma, la cultura libre, etcétera.
¿Qué es una biblioteca fantasma?
Una biblioteca fantasma es una colección digital de libros, artículos académicos u otros materiales que se distribuyen fuera de los canales legales establecidos, generalmente sin respetar las leyes de copyright. A diferencia de una biblioteca convencional, no tiene una sede física ni una estructura institucional reconocida, y muchas veces opera de forma anónima o descentralizada.
¿Cómo aparecen y qué función tienen?
Aparecen en Internet y en capas más profundas y su función principal es facilitar el acceso al conocimiento, especialmente en contextos donde los libros, revistas científicas o recursos educativos son inaccesibles por su precio o por restricciones geográficas. En ese sentido, no solo son repositorios de archivos, son infraestructuras informales que responden a una desigualdad global en el acceso a la información. Muchas empiezan como una práctica política para cuestionar el modelo de propiedad intelectual dominante y plantean, de forma práctica, que el conocimiento puede circular al margen de los intereses del capitalismo.
¿Cómo entiendes hoy los conceptos de propiedad intelectual o copyright y sus tensiones con el acceso a la cultura?
Me opongo, por principios, al copyright. Si investigas un poco la historia de las patentes, ves que “patente” viene de las letras patentes de la época medieval: acuerdos entre reyes o jefes de Estado que otorgaban derechos exclusivos sobre algo dentro de su reino. No tiene nada que ver con proteger al creador, sino con acuerdos entre clases aristocráticas.
Hoy los derechos de autor o el copyright suelen cumplir una función similar. Quien más se beneficia no suele ser el creador o autor, sino el intermediario: la editorial en el caso de los libros, el distribuidor en el cine, etc. Ese intermediario funciona un poco como un rentista: alguien que no trabajó para producir algo, pero lo posee y vive de ello.
¿Dónde queda entonces el control del autor sobre su obra?
Yo hablo del acceso, pero siempre hay alguien que dice: “claro, pero yo quiero ganar dinero…”.Antes de hablar de remuneración justa, hay que reconocer que no existe remuneración justa en el mundo. El 85 % de la población mundial vive fuera de los países imperialistas, y aun así estamos discutiendo la remuneración justa de los creadores. Entonces, si no eres antiimperialista y te opones a la piratería, tu opinión se puede descartar directamente.
La prioridad es el acceso a la cultura.
Mira cuento un caso como anécdota. El año pasado di una ponencia en España, en el congreso de la Radical Film Network. Hablé de mi tesis y, como era de esperarse, alguien del primer mundo en el público dijo: “Está bien todo esto, pero yo hago películas y no quiero que me las pirateen; además quiero que se vean en pantalla grande, en 35 mm”, y que no se vean en formatos “chungos”.
Mi respuesta fue sencilla y concisa, y quizá no muy elegante, pero es lo que pienso: si no eres antiimperialista y te opones a la piratería, cállate.
Y al revés: si dices que eres antiimperialista pero te quejas de la piratería, entonces no eres antiimperialista; no te has formado lo suficiente para ver lo trivial que es esa queja. Son problemas triviales. Puede que algún creador no esté remunerado correctamente. Pero ese no es el problema principal. El problema es la falta de acceso. Y hasta que acabemos con ese problema, la piratería es lo mejor que tenemos.
En los debates actuales hay mucha resistencia al uso de la inteligencia artificial. Más allá de sus problemas evidentes —alienación, consumo de recursos, control corporativo—, ¿qué papel crees que puede tener la IA en la lucha cultural e ideológica? ¿Puede usarse de forma propositiva?
No soy experto en inteligencia artificial, pero hay algunos puntos claros. Por un lado, el uso masivo de IA implica un consumo enorme de recursos naturales y una intensificación del intercambio desigual: cada interacción con estos sistemas supone energía, agua y materias primas extraídas, en su mayoría, del tercer mundo. Eso es un problema real y no se puede ignorar. Los datos son contundentes.
Dicho eso, no soy ludita. Como cualquier tecnología, la IA es en sí misma neutra y puede tener usos positivos. De hecho, ya ha demostrado una enorme utilidad en ciertas disciplinas, como las matemáticas, donde ha permitido avanzar en problemas que estaban fuera del alcance humano y verificar teoremas. En campos como la historia o las ciencias sociales está más limitada, porque solo puede trabajar con el material con el que ha sido alimentada: no sustituye la investigación en archivos ni el trabajo con fuentes primarias, pero sí puede ayudar a sintetizar información existente.
¿Dónde ves el potencial para acceder a la cultura?
Veo un potencial muy importante es en la traducción automática. Esto no es algo completamente nuevo —Google Translate ya utilizaba IA hace más de una década—, pero hoy permite algo políticamente relevante: acceder a producción alternativa, marxista y crítica sin necesidad de aprender múltiples idiomas. Hoy es posible leer marxistas rusos, chinos, árabes o africanos sin dominar esas lenguas, lo que amplía enormemente el acceso al conocimiento y rompe barreras históricas al conocimiento.
Esto todavía no está normalizado socialmente, por eso hago talleres para empujar ese uso. La IA puede ser una herramienta poderosa si se usa conscientemente para ampliar el acceso, difundir ideas y fortalecer la lucha cultural. El problema no es la tecnología en sí, sino quién la controla, con qué fines y bajo qué relaciones de poder.
Muchas de las grandes empresas de inteligencia artificial se han entrenado con enormes volúmenes de libros y archivos pirateados, al mismo tiempo que defienden públicamente el copyright y la propiedad intelectual. ¿Cómo interpretas esta contradicción y los conflictos legales que han surgido en torno a ella?
Sí, es conocido que Meta, Anthropic y otras empresas descargaron cientos de terabytes de libros pirateados de bibliotecas fantasma como Library Genesis para entrenar sus modelos de IA. Esto derivó en demandas, no por parte de esas bibliotecas, sino de autores, editoriales o actores de la industria cultural. Los resultados legales no han sido del todo claros: algunas prácticas se permitieron y otras no, sin resoluciones definitivas.
¿Qué implicaciones pueden tener los conflictos legales para la piratería?
En general, no creo que la vía legal sea especialmente prometedora. Si un tribunal dictamina que ese uso no fue legítimo, eso también puede perjudicar el acceso al conocimiento del que dependemos muchos; y si lo declara legítimo, deja en evidencia la inconsistencia del propio sistema de copyright. Donde sí puede haber una oportunidad distinta es en la demanda de Sci-Hub en India, que sigue en curso desde 2020. El contexto indio es particular: las universidades públicas dependen históricamente de la fotocopia y de formas informales de acceso, como ocurre también en otros países del tercer mundo.
Si Sci-Hub ganara ese caso, el impacto sería grande, al menos en términos de normalización y de facilitar el acceso a bibliotecas fantasma. En Europa ya se han bloqueado proyectos como Library Genesis o Anna’s Archive, y Sci-Hub ha sufrido medidas similares. En ese sentido, una figura clave es Alexandra Elbakyan: al ser una persona pública, con rostro y nombre, logró que estas discusiones entraran en el debate público. A diferencia de otros proyectos anónimos, Sci-Hub desplazó la llamada ventana de Overton y forzó a que el tema del acceso al conocimiento se volviera discutible, y eso, en sí mismo, es un avance.
Para terminar, ¿hay algo que quieras decir que no te haya preguntado?
Puede sonar obvio, pero… Que un libro esté publicado y lleno de notas al pie no significa que lo que diga sea verdadero. Incluso personas con formación universitaria suelen dar por válidos relatos históricos sin cuestionar el peso enorme que tiene la ideología en la historiografía. Aprender historia no es solo leer fuentes secundarias y aceptarlas como hechos.
La ideología ha distorsionado profundamente la manera en que se narra el pasado, hasta el punto de reemplazarlo por una farsa en muchas ocasiones. Esa distorsión es una de las principales razones por las que no existe una conciencia prosocialista más amplia. El capitalismo no es una ley histórica y ya ha sido derrotado antes.
Por eso la piratería es importante. No solo corrige la falta de acceso a materiales, sino que permite desprogramar, abrir grietas en el control del mercado de la información y facilitar el encuentro con otras narrativas. No es suficiente por sí sola, pero sí es necesaria para avanzar hacia ese horizonte.
Entrevista realizada por Pol Gutiérrez i Espar y editada por Max Sorribas i Bonel.
La entrevista íntegra en vídeo puede consultarse aquí.
