"Mediterráneas": Una polifonía de mujeres y sus arquitecturas - Contracultural

«Mediterráneas»: Una polifonía de mujeres y sus arquitecturas

Portada del libro "Mediterráneas", que registra arquitectura realizada por mujeres.
El equipo de investigación detrás del proyecto Navegando Arquitecturas de Mujer, conformado por Elia Gutiérrez, Ana Gilsanz, Asunción Díaz y Daniela Arias, nos habla sobre su libro «Mediterráneas», publicado por Ediciones Asimétricas.

La arquitectura de mujeres mediterráneas protagoniza la publicación Mediterráneas: Arquitectas y sus obras, 1978-2008, surgida tras la creación de NAM, una aplicación gratuita que reúne un extenso archivo digital de obras arquitectónicas realizadas por mujeres en España. Conversamos con el equipo de investigación detrás del proyecto para entender en profundidad cómo se construye un registro físico horizontal, cuyo fin principal es visibilizar otras prácticas de la arquitectura, diversas y situadas, que habían quedado excluidas del canon.

Comencemos por el principio: ¿en qué consiste vuestro proyecto de investigación, Navegando Arquitecturas de Mujer? ¿Cuáles son sus objetivos y cómo se vincula con Mediterráneas?

Navegando Arquitecturas de Mujer (NAM) es un archivo digital que geolocaliza obras realizadas por arquitectas en España desde 1978 hasta 2008 y estudiadas en el proyecto AICO Miradas Situadas (2021-23). Su objetivo es, mediante una aplicación gratuita, socializar esta valiosa e inédita información. Pero no es solo un repositorio matrístico, como nos gusta definir la app. Es también una forma distinta de narrar la arquitectura y abrir ese relato, en su significado, por supuesto, pero también en su modo divulgativo. No se trata únicamente de añadir nombres, sino de cambiar la manera en que miramos y difundimos la investigación.

NAM se ha ido construyendo y continúa desarrollándose a medida que avanzamos en el estudio, análisis y documentación, incorporando arquitecturas en tiempo real. Por compartiros un dato, a fecha de hoy tiene más de 600 obras registradas realizadas por arquitectas que permiten ser consultadas y filtradas en función de parámetros como autoría, localización, década, escala, usos, tipos de intervención o titularidad (espacio público, edificio público o privado).

La aplicación gratuita de NAM no es solo un repositorio: es también una forma distinta de narrar la arquitectura y abrir ese relato.

El proyecto se pregunta por el alcance y la idiosincrasia de la producción arquitectónica llevada a cabo por arquitectas en España entre los años de la Transición (1978) y la crisis económica que, tras el 2008, ha dado lugar a un nuevo paradigma profesional y a un entendimiento mucho más complejo, por su diversidad y mutabilidad, del ejercicio de la arquitectura. Se trata de determinar qué tiene de singular la aportación de las mujeres a la cultura arquitectónica española de la postmodernidad.

Índice de contenidos del libro "Mediterráneas", que registra arquitectura hecha por mujeres entre 1978 y 2008.
Primera parte del índice de contenidos del libro.

Construir este conocimiento supone, al menos, dos cuestiones a nivel metodológico. Por un lado, la proximidad a los objetos y a los sujetos de estudio para entender mejor en qué circunstancias y condiciones han desarrollado su trabajo. Por otro, crear una red de colaboraciones sobre el terreno que no solo involucre al equipo investigador, sino también a compañeras de todo el país, a profesorado y alumnado, y a colegios profesionales que han apoyado las distintas iniciativas para que las arquitectas nos compartieran sus trayectorias.

El libro Mediterráneas es una forma de fijar parte de ese proceso. Si NAM es una cartografía en movimiento, el libro funciona, valga la metáfora, como un faro que orienta y arraiga. El paso a la publicación en papel implica una materialización, ajustada y rigurosa, un registro físico que sitúa estas arquitecturas dentro de una cultura específica. Esto no es menor, especialmente en ciudades como Barcelona, donde la cultura editorial y la arquitectura han estado históricamente muy vinculadas. Publicar Mediterráneas en ese contexto, supone, entonces, inscribir estas arquitecturas en una tradición cultural concreta y otorgarles un lugar también en el ámbito de la divulgación y distribución impresa, que sigue siendo espacio de legitimación y prestigio profesional.

La investigación explora qué tiene de singular la aportación de las mujeres a la cultura arquitectónica española de la postmodernidad.

En ese sentido, el libro no sustituye al archivo digital, pero lo complementa: lo fija, lo hace tangible y lo introduce en otros circuitos de lectura, aprendizajes y de reconocimiento. Mediterráneas aspira a dejar una huella física frente a la vulnerabilidad y fragilidad de los soportes digitales, cuya conservación depende de actualizaciones y mantenimientos constantes y costosos.

¿Cómo ha sido posible y viable? Somos conscientes de que no es fácil generar recursos…

Toda la investigación ha sido posible por una concatenación de ayudas públicas y privadas conseguidas después del proyecto inicial AICO de la Generalitat Valenciana. Por un lado, la Beca Lilly Reich para la Igualdad en la Arquitectura de la Fundación Mies van der Rohe de Barcelona (tercera edición, 2022) permitió reforzar la metodología de aproximación a los casos de estudio: a través del trabajo de campo, de archivo, documental y conversaciones con las arquitectas.

Interior del libro.

En 2025 conseguimos un proyecto financiado por el Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Alicante que durará hasta 2027, con el cual hemos publicado Mediterráneas y estamos elaborando unas piezas audiovisuales. También hemos recibido apoyo por parte del Vicerrectorado de Transferencia, Innovación y Divulgación Científica de la universidad dentro del programa de ayudas para el fomento de la cultura científica de la FECYT. Así como contratos de investigación con colegios profesionales y empresas dedicadas a la difusión de la cultura arquitectónica.

Mediterráneas aspira a dejar una huella física frente a la vulnerabilidad y fragilidad de los soportes digitales.

También nos gustaría destacar la importancia del cuidado en el diseño tanto de la app como de nuestra web, desarrolladas por Help Humans bajo los criterios gráficos de Marisa Gallén, en Valencia, así como de Mediterráneas, libro realizado junto al equipo de Ediciones Asimétricas, en Madrid.

¿Qué significa mirar de forma situada?

Mirar de forma situada es asumir que no existe una perspectiva neutral. Toda mirada implica un enfoque, un recorte, un encuadre, una toma de posición. Esta idea se apoya en planteamientos como los de Donna Haraway o Sandra Harding, que cuestionan la idea de objetividad universal y proponen entender el conocimiento como parcial, encarnado y localizado.

En nuestro proyecto, este concepto atraviesa todo el proceso: desde la búsqueda de archivos, orales y escritos, el análisis, hasta la escritura y las formas de difusión. No solo importa qué se muestra, sino las condiciones y los modos que hacen posible esa visibilidad. Por eso, en Mediterráneas, mirar de forma situada implica no aspirar a una visión homogénea, sino construir de manera consciente una lectura concreta mediada por un territorio y a la cual se la reconoce como una entre otras muchas posibles.

Toda mirada implica un enfoque, un recorte, un encuadre, una toma de posición.

¿Cómo se investiga y construye un archivo de obras inéditas u olvidadas? ¿Qué vacíos detectasteis?

La producción arquitectónica realizada por mujeres existe, pero no ha sido publicada o su autoría ha quedado diluida; lo que emerge entonces no es solo falta de información, sino de reconocimiento. En este contexto, archivos, registros y afiliaciones, así como publicaciones breves o de prensa, se convierten en fuente fundamental para la reconstrucción de historias y relatos dispersos, que también se tejen desde lo relacional, a través de conversaciones y redes de confianza. El contacto directo con muchas de las arquitectas y sus familias ha devenido fundamental tanto para recuperar su obra como para trenzar nuevos vínculos afectivos.

Sección del libro "Mediterráneas", que registra arquitectura hecha por mujeres entre 1978 y 2008.
Sección del libro dedicada a la arquitecta Imma Jansana Ferrer, con su obra del Paseo Marítimo de Gavá.

Mediterráneas no cierra esos vacíos. Los señala. En el caso de Cataluña, el proyecto plantea una lectura que se despega conscientemente del peso histórico de la llamada “Escuela de Barcelona”, esa tradición que, durante décadas, ha definido modos de hacer y de enseñar y aprender arquitectura en el contexto catalán. Aquí, las obras seleccionadas no buscan reforzar ese canon sino ampliar el mapa, mostrar otras formas de la práctica, más diversas y situadas. En muchos casos son obras que se acercan a lo cotidiano, a lo doméstico, a la dimensión más humana y, por qué no, más honesta de la arquitectura.

La arquitectura realizada por mujeres existe, pero no ha sido publicada o su autoría ha quedado diluida, provocando no solo una falta de información, sino también de reconocimiento.

En Islas Baleares, esa misma actitud se traduce en arquitecturas que miran al territorio insular con atención y cuidado: proyectos que resisten la homogeneización turística y que, desde su escala, proponen habitar el paisaje de otra manera, más pausada, más consciente.

De este modo, Mediterráneas, en estos territorios, apuesta por una horizontalidad deliberada. No hay jerarquías entre generaciones, ni estilos dominantes, sino una constelación de miradas que revelan la pluralidad de las arquitectas y las arquitecturas. El resultado es una lectura coral, donde la arquitectura aparece como una práctica viva, ligada a los cuerpos, a los lugares y a las relaciones que la sostienen. Es importante puntualizar que, al igual que sucede con NAM, Mediterráneas es una mirada en constante proceso: no es una propuesta cerrada, sino abierta e incompleta, y somos plenamente conscientes de ello.

¿Qué rol han ejercido los medios de difusión de la arquitectura en la invisibilización de determinadas obras y autoras?

Los medios, desde principios del siglo XX, han desempeñado un papel clave: no solo han reflejado la cultura y las estructuras sociales, sino que también han contribuido activamente a configurarlas. En este sentido, no se limitan a mostrar, sino que deciden qué merece ser divulgado y qué queda fuera. Durante mucho tiempo han privilegiado ciertos perfiles, escalas y formas de la práctica, dejando en segundo plano otras arquitecturas más vinculadas a lo cotidiano y a los cuidados, lo invisible.

En Mediterráneas no hay jerarquías entre generaciones, ni estilos dominantes, sino una constelación de miradas que revelan la pluralidad de las mujeres arquitectas y sus arquitecturas.

Frente a esta lógica, Mediterráneas propone un gesto sencillo pero significativo: adopta el libro, medio de autoridad canónico en nuestra disciplina, pero lo hace mediante una estructura de presentación horizontal donde todas las obras y sus autoras comparten el mismo nivel de atención. Asumimos el concepto de libro como objeto de conocimiento y dispositivo activo en la construcción del prestigio profesional y simbólico para orientar sus reglas hacia una revisión historiográfica.

Mapa de localización de obras a lo largo de la costa mediterránea.

Mediterráneas intenta contribuir a reparar ausencias mediante una pluralidad y una polifonía de formas de hacer arquitectura. Todas las obras presentadas, desde distintos posicionamientos y sensibilidades, configuran nuestros entornos y participan en la construcción de una memoria arquitectónica más inclusiva y plural.

Durante mucho tiempo, los medios han dejado en segundo plano otras arquitecturas vinculadas a lo cotidiano y a los cuidados.

Ciertamente, al recorrer Mediterráneas se percibe una forma de lectura abierta. ¿Qué tipo de experiencia queríais activar en quien consulta el libro?

El libro reúne 90 obras y 100 autoras, y traduce en su estructura la lógica propia de una colección. Como hemos señalado, se aparta de las jerarquías habituales de guías o catálogos, donde las obras y sus autorías suelen ordenarse según cánones preestablecidos vinculados a la proyección mediática, la escala o la centralidad del emplazamiento. En cambio, Mediterráneas se construye desde el mismo espíritu colaborativo que articula todo el proyecto de investigación y ensaya una lectura abierta y coral, más próxima a lo que Ursula K. Le Guin planteó como una narración organizada desde la multiplicidad de voces, relaciones y trayectorias que desde el heroísmo individual.

Esa voluntad se traduce en una organización deliberadamente horizontal. El libro reúne a todas las arquitectas que teníamos registradas hasta la fecha en este ámbito territorial, presentadas por orden alfabético según su nombre de pila —nombres de mujer que muchas veces habían quedado ocultos tras una inicial—. A todas se les concede el mismo espacio de visibilidad —dos páginas— y cada una está representada por una única obra de su trayectoria, seleccionada de forma consensuada atendiendo a la relación entre autora, arquitectura y contexto.

Mediterráneas intenta contribuir a reparar ausencias mediante una pluralidad y una polifonía de formas de hacer arquitectura.

¿Qué tipo de genealogía de arquitectas emerge de vuestra cartografía y de esta colección en particular?

No es una genealogía lineal, sino una red, una constelación de trayectorias conectadas en la que se manifiestan vínculos formales o de estilo, educativos, generacionales, así como asociaciones personales y afinidades. Pero también hay cortes, discontinuidades y silencios. Y eso también es parte del valor cartográfico que nos permite entender la arquitectura y a sus autoras como un sistema complejo de experiencias, no como una historia única ni cerrada.

Sección del libro dedicada a la arquitecta Anna Bofill Levi, con su proyecto para la Estación de Cercanías de Plaça Catalunya.

Esa condición abierta se prolonga en Mediterráneas mediante distintos anexos finales que funcionan como puertas de acceso complementarias y permiten recorrer las obras por décadas, usos, escalas, provincias o tipos de intervención. Así, no se impone un único recorrido, sino que el itinerario de lectura queda en manos de quien lo consulta. Precisamente por su formato versátil, cuidado e innovador, creemos que el libro puede convertirse también en una herramienta especialmente valiosa para despertar vocaciones tempranas, al ofrecer a niñas y jóvenes referentes desde los que imaginarse como futuras arquitectas.

El libro puede ser valioso para despertar vocaciones tempranas, ofreciendo a mujeres jóvenes referentes desde los que imaginarse como arquitectas.

Sorprende que Mediterráneas prescinda de los reportajes fotográficos habituales en los libros de arquitectura y apueste, en cambio, por el material gráfico de las propias arquitectas. ¿Qué buscabais con esa decisión?

Intencionadamente nos alejamos de la hegemonía visual de la imagen fotográfica asociada a las publicaciones de arquitectura y apostamos por la diversidad y la belleza de los lenguajes gráficos vinculados a la ideación y al proceso de proyecto, es decir, aquellos que hacen posible la obra construida.

Por ello, las dos páginas dedicadas a cada arquitecta reúnen una lectura sintética de la obra seleccionada mediante datos básicos, claves de interpretación (pequeños textos muy cuidados que reflexionan sobre la relación con el entorno, el uso y la función, los materiales y las técnicas y la composición formal), planos y/o bocetos y, por último —aunque no menos importante—, un código QR que la geolocaliza e invita a conocer esta arquitectura de manera directa, cuerpo a cuerpo. Porque, en última instancia, todas estas obras solo se comprenden plenamente cuando se recorren desde el lugar en el que nacen: su contexto, su cultura y el territorio que las hace posibles.

El Mediterráneo nos une, pero no es homogéneo. La relación con el mar, los materiales, el clima y las distintas culturas da lugar a formas particulares de hacer arquitectura.

Partís del Mediterráneo como vuestra casa, como ventana desde la que mirar al mundo. ¿Qué supone para vosotras pensar la arquitectura desde el arraigo y el territorio?

El Mediterráneo es o ha sido la casa de todas nosotras. La aproximación a un territorio donde una es no aparece como una idea abstracta sino como lo cercano, lo vivido y lo cotidiano. Supone trabajar con aquello que nos es familiar. Implica reconocer los rasgos comunes, pero también las diferencias. El Mediterráneo nos une, pero no es homogéneo. A lo largo de más de 1.500 kilómetros, emergen paisajes específicos donde la relación con el mar, los materiales, el clima y las distintas culturas da lugar a formas particulares de hacer arquitectura. Trabajar desde el arraigo es, en ese sentido, atender a esas condiciones sin simplificarlas y entender que cada lugar produce respuestas propias, aunque compartan un mismo borde.

El Mediterráneo es agua y germen, y por ello da inicio y nutre el desarrollo de lo que sigue.

La arquitectura solo se comprende plenamente cuando se recorre desde el lugar en el que nace: su contexto, su cultura y el territorio.

¿Qué papel desempeñan las redes de afectos en vuestro trabajo?

Las redes de afectos son esa infraestructura invisible sobre la que se construye y se mantiene la investigación. Permiten confiar, respetar, compartir, insistir, y también atravesar los momentos de incertidumbre o desgaste que implica un trabajo de este tipo. Sin ellas, este proyecto no tendría el alcance ni la continuidad que ha adquirido a lo largo de estos años.

Los afectos son una dimensión que, con demasiada frecuencia, queda fuera de los relatos académicos. Construir conocimiento desde lo colectivo, desde el cuidado y la interdependencia implica reconocer que no se trata solo de producir contenido, sino de generar las condiciones que lo hacen posible.

En ese sentido, Mediterráneas se organiza como una trama de relaciones y de acompañamiento a todos los niveles: grupo de trabajo, editorial, institucional, gremial. No es solo un archivo, sino también la expresión y el reconocimiento de esos vínculos que lo sostienen.

Las redes de afectos permiten confiar, respetar, compartir, insistir y atravesar los momentos de incertidumbre y desgaste.

¿Cómo transformó vuestra mirada sobre la arquitectura el recorrer y recuperar estas trayectorias?

La recuperación de trayectorias desconocidas obliga a desplazar la mirada, a salir de los marcos habituales y a valorar la arquitectura desde otros criterios, más allá de las formas tradicionales de reconocimiento. Mirar la otredad es un proceso que no solo cuestiona los relatos predominantes de la profesión, sino que también amplía nuestra comprensión de las múltiples condiciones (materiales, simbólicas, sociales y personales) que han atravesado la práctica de las mujeres en arquitectura.

Pero hay algo más: la capacidad de sorpresa no se pierde en la medida que siguen saliendo a la luz obras, nombres y experiencias que no habían sido registrados y que son tan relevantes como fascinantes. Esto mantiene el archivo abierto y vivo. Y confirma que no se trata de un trabajo cerrado, sino de un proceso en continuo descubrimiento.

Vista del libro "Mediterráneas", que registra arquitectura realizada por mujeres.

Volviendo la mirada hacia el presente, ¿consideráis que han cambiado las condiciones de visibilidad y reconocimiento de las mujeres arquitectas?

Hay más visibilidad puesto que las redes, a pesar de las amenazas que suponen en términos de discursos involutivos o reaccionarios, han sido una plataforma de encuentro, revalorización, autoafirmación y apoyo mutuo entre grupos de mujeres arquitectas. Pero eso no siempre se traduce en mejores condiciones de trabajo, salarios equivalentes, puestos de toma de decisiones o en reconocimiento sostenido. Los avances son frágiles y las estructuras sociales, educativas y administrativas son lentas en sus transformaciones.

La recuperación de trayectorias desconocidas obliga a desplazar la mirada, a valorar la arquitectura desde otros criterios.

Precisamente por todo ello, la importancia de este tipo de proyectos de investigación reside no solo en su capacidad para generar conocimiento y corregir ausencias historiográficas, sino también en ampliar los marcos de reconocimiento público. En este sentido, que en el presente año el libro Mediterráneas haya sido seleccionado en los Premios Arquitectura del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), dentro del ámbito de Divulgación, y en los Premios FAD de Arquitectura e Interiorismo, en la categoría de Pensamiento y Crítica, contribuye a dar mayor visibilidad a las arquitectas y a las obras recogidas en el volumen.

¿Qué desigualdades estructurales siguen operando hoy en la profesión en términos de género y clase?

Persisten desigualdades en el acceso, en la estabilidad y en el reconocimiento dentro de la profesión. Y no afectan a todas por igual: depende de la clase socioeconómica, el origen, de las redes y de las condiciones materiales desde las que se ejerce la arquitectura. También psicológicas, ya que la falta de apoyos y de referentes ha incidido de manera dramática en la autopercepción de las mujeres. A esto se suma una cuestión estructural que sigue siendo central: los cuidados de personas dependientes continúan recayendo mayoritariamente en las mujeres. Esto condiciona los tiempos, las trayectorias y las posibilidades de acceso a determinados encargos o posiciones dentro del campo profesional.

Muchas de las obras recogidas en Mediterráneas evidencian que el problema no es la falta de producción, sino de legitimación. Las arquitecturas están ahí, pero no siempre entran en los circuitos de reconocimiento que son los que impulsan y consolidan, en muchos casos, la continuidad de las autoras en el ejercicio de la profesión.

La falta de apoyos y de referentes ha incidido de manera dramática en la autopercepción de las mujeres arquitectas.

¿Qué pueden aprender las nuevas generaciones de estas arquitectas mediterráneas y sus obras?

Que no hay una única forma de hacer arquitectura. Es posible desarrollar una práctica profesional situada, anclada en lo político desde lo cotidiano, desde el territorio, desde lo cultural y lo cercano, sin necesidad de responder a modelos ajenos.

Por otro lado, que es necesario entender cómo operan las estructuras de poder dentro de la profesión para poder generar alianzas, especialmente entre mujeres, y así tensionar, y eventualmente romper, ese techo de cristal que todavía persiste.

Las nuevas generaciones pueden aprender de estas arquitectas que la arquitectura no es objeto construido y descontextualizado, sino una forma de posicionarse: una manera de mirar, de estar y de trabajar en el mundo.

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